¿Cómo debo enseñar a partir de este mes?

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Todos los meses, los docentes se enfrentan al dilema de qué ejercicios deben practicar sus alumnos y cuáles son sus consecuencias en el aprendizaje a largo plazo. Dado que los profesores prefieren plantear sus propios ejercicios, esto genera una gran cantidad de preguntas, cada una de ellas intentada por un pequeño número de estudiantes. Por lo tanto, no podríamos usar modelos basados ​​en big data, como el aprendizaje profundo. En cambio, desarrollamos un modelo de espacio de estado fácil de entender que predice los puntajes de las pruebas nacionales de fin de año.
Usamos 2386 preguntas de matemáticas de cuarto grado en línea diseñadas por maestros, cada una de las cuales fue intentada por algunos de los 500 estudiantes en 24 escuelas de bajo nivel socioeconómico. Descubrimos que las predicciones del modelo de espacio de estado mejoraron mes a mes y que, en la mayoría de los meses, superó a los modelos de regresión lineal. Es más, el estimador de espacio de estado proporciona para cada mes un mecanismo directo para simular diferentes estrategias de práctica y calcular su impacto en la prueba nacional estandarizada de fin de año. Construimos curvas de iso-impacto en base a dos variables críticas: el número de preguntas resueltas correctamente en el primer intento y el número total de ejercicios intentados. Esto le permite al maestro visualizar el equilibrio entre pedir a los estudiantes que realicen ejercicios con más cuidado o que realicen más ejercicios. Hasta donde sabemos, este modelo es el primero de su tipo en educación. Es una herramienta novedosa que ayuda a los profesores a impulsar clases enteras para lograr objetivos de aprendizaje a largo plazo. el número de preguntas resueltas correctamente en el primer intento y el número total de ejercicios intentados. Esto le permite al maestro visualizar el equilibrio entre pedir a los estudiantes que realicen ejercicios con más cuidado o que realicen más ejercicios. Hasta donde sabemos, este modelo es el primero de su tipo en educación.
Es una herramienta novedosa que ayuda a los profesores a impulsar clases enteras para lograr objetivos de aprendizaje a largo plazo. el número de preguntas resueltas correctamente en el primer intento y el número total de ejercicios intentados. Esto le permite al maestro visualizar el equilibrio entre pedir a los estudiantes que realicen ejercicios con más cuidado o que realicen más ejercicios. Hasta donde sabemos, este modelo es el primero de su tipo en educación. Es una herramienta novedosa que ayuda a los profesores a impulsar clases enteras para lograr objetivos de aprendizaje a largo plazo.

Fuente: MDPI
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¿Cómo reducir la pérdida de aprendizajes?

SEÑOR DIRECTOR:

Los estudiantes norteamericanos perdieron en total seis meses de horas de clases presenciales debido a la pandemia durante 2020 y 2021. Según el Banco Mundial, eso significa una pérdida promedio de 6 meses de aprendizaje. Esta cifra es más del doble de lo que fue en países como Bélgica, Holanda y Alemania, y el triple de lo perdido por China. Además, la cifra esconde desigualdades típicas de los promedios. Si bien todos los estudiantes contaban con clases online en ese periodo, el efecto de estar sin clases presenciales es aún mucho mayor en los más vulnerables. Es un huracán educacional nunca visto, y cuyo ojo pega aún más fuerte a los estudiantes de familias más desventajadas.

El Plan de Rescate Americano anunciado por Biden, es un plan de 130 mil millones de dólares y a 3 años. Escalando a la población estudiantil de Chile, equivale a dedicar 8 mil millones de dólares. Es un monto similar al de toda la deuda acumulada por CAE.

Debido a la pandemia, hasta diciembre 2022 los estudiantes de Chile ya llevaban perdido prácticamente más de un año y medio de clases presenciales. Es un enorme terremoto. ¿Qué podemos implementar para reducir la pérdida de aprendizajes, o al menos para no seguir aumentándola?

Roberto Araya

Instituto de Educación y CIAE

Universidad de Chile

Tutorías: una respuesta al terremoto educativo

SEÑOR DIRECTOR:

Coincidimos con la carta de Roberto Araya publicada el sábado, que destaca la profundidad de la crisis educativa producto de la pandemia y la urgencia de tomar medidas. Como grupo interdisciplinario lanzamos un estudio para Temas de la Agenda Pública de la UC que pretende aportar en esta línea.

Planteamos las tutorías escolares -instrucción individual o en grupos pequeños realizada por docentes, otros profesionales de la educación, voluntarios o apoderados- como una estrategia para complementar la labor de las escuelas, acelerar los aprendizajes y recuperar lo perdido. Además de lo académico, las tutorías tienen un factor socioemocional importante, pues hay evidencia sobre el impacto del vínculo entre tutores y estudiantes en su desempeño integral.

El programa de tutorías anunciado por el Mineduc es una gran oportunidad. Nuestro artículo reúne evidencia útil para este proceso, basándonos en la experiencia en Chile y el mundo. Planteamos construir una infraestructura para tutorías, que logre sinergias entre el gobierno, la academia y la sociedad civil, focalice el programa en los más necesitados y aproveche la tecnología para automatizar procesos. Recomendamos partir este semestre con un piloto para aprender y escalar.

Tal como señaló Roberto Araya, atravesamos un terremoto educativo, y necesitamos soluciones. Queremos reforzar este mensaje, no solo la profundidad de la crisis, sino también destacar el sentido de urgencia que requieren sus respuestas. No podemos esperar más. En este contexto, las tutorías son una estrategia costo-efectiva para abordar los efectos de la pandemia y acompañar los esfuerzos de recuperación y reactivación de los niños, niñas y jóvenes más afectados.

Verónica Cabezas, Facultad de Educación UC

Francisco Gallego, Instituto de Economía e Instituto para el Desarrollo Sustentable UC y J-PAL

Susana Claro, Gobierno UC

Francisca Koppmann, UC

María Paz Monge, J-PAL LAC

Marigen Narea, Psicología UC

Paulo Volante, Educación UC

Necesitamos un rescate educacional de proporciones

Por Roberto Araya, Instituto de Educación y CIAE, Universidad de Chile

La pandemia provocó un enorme terremoto con miles de muertes. Ha sido una pesadilla de olas tras olas que no parecían terminar. Pero un mega terremoto genera un tsunami. Hay rumores que es un tsunami educacional. ¿Será comparable a otras urgencias del país, como el cambio climático, la corrupción, la calidad de la salud, las bajas pensiones y la delincuencia?

Llevarlo todo a plata nos supera. La vida humana no se cuenta con monedas. Una alternativa es comparar con años de vida. Intentemos una estimación gruesa, que, aunque puede no ser exacta, nos permite dar cuenta de la magnitud del problema.

Nuestros estudiantes han estado casi dos años sin clases presenciales. Pero hay abundante evidencia que dejar de asistir a clases provoca menos años de escolaridad. Una de las primeras estimaciones proviene de un experimento natural en 1990 en Bélgica. Fue una huelga de profesores francófonos de un tercio de año. Sus estudiantes terminaron con casi un año menos de escolaridad que el resto. Así, los dos años de inasistencia por la pandemia se traduciría en Chile en cerca de 5 años menos de escolaridad. Además, la escolaridad afecta la esperanza de vida. Evidencia en EEUU desde el año 1960 indica que un año menos de escolaridad provoca casi 2 años menos de esperanza de vida. Es decir, si no recuperamos las clases, los estudiantes terminarán con cerca de 10 años menos de vida. Dados los cerca de 3 millones de estudiantes que están en los niveles preescolar a cuarto medio, esto se traduciría en 30 millones de años de vida perdidos. No son 30 pesos, ni 30 años. Son 30 millones menos de años de vida.

¿Qué tan dramático es esto? Existen diversas estimaciones en términos de pérdida de años de vida para los desastres provocados por el cambio climático, la corrupción, la calidad de la salud y seguridad social y la delincuencia. Pero antes de la pandemia estábamos sólo a un año de la esperanza de vida de Finlandia, el país reiteradamente más feliz en el Reporte Mundial de Felicidad. En el mejor de los casos, mejorando, con educación incluida, lográbamos ganar un año de vida para los 20 millones de chilenos. Claramente el tsunami educacional es mucho mayor que todo el resto.

Digitalizar la educación para revertir las pérdidas de aprendizaje en la pandemia

Al igual que millones de madres a lo largo y ancho de América Latina, Liliana Domador se vio obligada a acomodar su trabajo con la crianza, e incluso con la enseñanza de su hija, debido al cierre escolar ordenado a raíz de la pandemia COVID-19, causante de la mayor interrupción en la educación presencial en la historia de la región.

Por eso, esta madre peruana de 34 años recibió con alegría la noticia de que su hija podía utilizar la plataforma digital ConectaIdeas para el aprendizaje de matemática durante el pasado ciclo lectivo.

Según cuenta Liliana, a su hija Alessandra de 11 años, le encantaba conectarse con su computadora a la plataforma digital para realizar ejercicios de matemática todos los jueves. Le fascinaba la competencia y poder ganar puntos y comparar su progreso con el de sus amigas.


Gracias a esta iniciativa, Liliana logró liberar tiempo que pudo dedicar a cumplir con sus demás responsabilidades personales y laborales. “A los niños les encantan los retos, así como un poco de competencia; les fascina ganar”, afirmó ella. “A medida que Alessandra comenzó a trabajar arduamente y a buscar soluciones mediante la plataforma, se volvió más independiente, y eso me liberó un poco”.

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Fuente: blogs.iadb.org

Aprobar matemáticas gracias a un videojuego es posible

ConectaIdeas es un método de pedagogía digital innovador y pionero en América Latina que se aplica en varios colegios de Chile y Perú para reforzar el aprendizaje

“Que levante la mano quien sepa explicar qué vimos ayer”. La profesora Cecilia Aravena empieza la clase con sus 22 alumnos, cada uno sentado frente a un ordenador. Gerard, uno de los pocos que alza el brazo, responde impetuoso: “Calcular la fracción de un número”. La docente da por válida la respuesta y escribe un ejemplo en la pizarra: “Si tengo 18 sacos de cemento y ocupo 2/3, ¿cuántos sacos ocupo?”.

El curso de 4º básico D (10 y 11 años) del Colegio Teresianas de San José de Santiago de Chile asiste a una clase de matemáticas inusual, al menos en las escuelas del país sudamericano. A través del ordenador, los estudiantes resuelven ejercicios de fracciones, series numéricas, problemas de geometría, volúmenes y capacidades. “¡Jóvenes, cada uno mira a su pantalla, no la del compañero!”, el llamado de atención de la maestra se dirige a un par de chicos que comentan en voz baja. El resto, muy concentrado, busca la solución a problemas que leen en la pantalla. Algunos usan sus dedos para contar, otros dibujan palitos en el cuaderno.

También hay quienes hacen operaciones matemáticas. Luego, todos ingresan la respuesta en el ordenador y explican cómo han obtenido el resultado final. “¡Tía, mire cuanto subí!”, exclama un niño a la profesora o tía, la forma chilena para dirigirse respetuosamente a un adulto. En su pantalla aparece el mensaje “¡Felicitaciones!” y tres banderas dibujadas que representan una suma de puntos que el chico va acumulando durante la sesión. Al fondo, en la pared de la sala, se lee: “Haz de tu vida una matemática”. Es la esencia del programa ConectaIdeas, en el que los alumnos de este curso están participando.

ConectaIdeas tiene como objetivo mejorar el aprendizaje de esta materia entre los alumnos chilenos. A través de una plataforma online, con miles de problemas, la iniciativa refuerza sus conocimientos numéricos a través de varios juegos administrados a través de un software por internet que permite trabajar los conceptos aprendidos en las clases regulares.

El Colegio Teresianas de San José participa en esta iniciativa por segundo año. El centro educativo, situado en de la comuna de San Bernardo, en la periferia de la capital, responde al perfil al que apunta el proyecto. Su creador, Roberto Araya, doctor en ingeniería eléctrica e investigador de la Universidad de Chile diseñó el programa para promover el aprendizaje entre los alumnos de condición socioeconómica baja. “Me di cuenta de lo interesante que podía ser aplicar mis conocimientos de inteligencia artificial para ayudar a los niños y niñas con más necesidades y a quienes les cuesta más aprender matemáticas. Convirtiéndolas en un juego pueden llegar a cambiar la vida a estos niños y, además, les ayudo en su futuro”, explica Araya.

Para él, “la matemática es un lenguaje que permite entender el mundo” y acercar a los estudiantes al currículo STEM (abreviación en inglés de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). “La gamificación aumenta la motivación”, sostiene. El experto se refiere a la introducción de elementos de juegos en la enseñanza, una industria emergente impulsada por el aumento del acceso a dispositivos conectados a internet. “Es un fenómeno que comenzó a verse muy fuertemente a partir de 2009 para hacer las actividades más interesantes y atractivas”, define Julian Cristia, economista e investigador del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Un proyecto con “impactos excepcionales”

Cecilia Aravena tiene 58 años y desde hace nueve es parte del equipo de seis profesores que hoy ejecutan el proyecto. “El docente del centro me deja anotado en un cuaderno lo que requiere y yo, de acuerdo a eso, selecciono los ejercicios, preparo la actividad y la implemento en la sesión”, cuenta. Trabaja en otros dos colegios más de la Región Metropolitana, uno en la misma comuna y otro en La Pintana. Los tres centros tienen en común que atienden alumnos en situación de alta vulnerabilidad, procedentes de zonas con altos índices de delincuencia, narcotráfico y exclusión social. “El objetivo del proyecto es reforzar, pero la realidad es muy heterogénea y, al final, muchas veces terminamos enseñando a los niños”, apunta la profesora.

Una de sus tareas principales es supervisar el aprendizaje en tiempo real a través del software para identificar a los estudiantes que quedan más rezagados y proporcionarles apoyo adicional. “Lo que estos niños aprenden es lo que se les enseña en el colegio, nada más que eso porque viven realidades muy adversas y en la casa no les revisan las tareas. No hay apoyo”, comenta Aravena.

El impacto del programa ConectaIdeas ha sido estudiado por el BID, el International Development Research Center del gobierno de Canadá, la Universidad de Chile, y la Universidad de Cornell. La investigación, realizada en 2017 y titulada ¿Funciona la gamificación en la educación?, concluye que los estudiantes que participaron de la iniciativa mejoraron sus aprendizajes de matemáticas en un 50% comparado con los que no fueron parte de ella.

En Chile, el alumno promedio cuya madre no tiene educación secundaria está atrasado aproximadamente un año en el aprendizaje de matemáticas respecto a los estudiantes cuyas madres sí la tienen

Según el estudio, sus efectos positivos son cuatro veces superiores a iniciativas como la reducción de estudiantes asignados por docente, o siete veces mayor que la ampliación de la jornada escolar de cuatro a siete horas, que se instauró en Chile a partir de 1997. “Son impactos excepcionales por el nivel de magnitud. Estos resultados no se suelen ver cuando evaluamos programas educativos. Muchas veces se encuentran efectos positivos, pero son pequeños, marginales; estos son mucho mayores”, subraya Julian Cristia, uno de los autores del trabajo.

El experimento se aplicó a 24 escuelas de primaria que reciben financiamiento estatal y que acogen alumnos con bajos ingresos —según la clasificación del Ministerio de Educación— y con retrasos en la asignatura de matemáticas. Además de constatar la mejora del aprendizaje de esta materia, los investigadores también quisieron comprobar si ConectaIdeas podía cerrar las brechas de rendimiento académico entre distintos grupos socioeconómicos. Según el último informe PISA 2018, el peso de la ventaja socioeconómica entre los estudiantes chilenos es del 13%, nueve puntos por debajo de Perú, el país con el porcentaje más alto.

“La educación en Latinoamérica tiene dos problemas muy importantes: la brecha externa, referida al atraso en aprendizaje respecto a los países desarrollados o con países que tienen el mismo nivel de desarrollo económico; y la brecha interna, la que se produce dentro de los propios países entre estudiantes de nivel socioeconómico alto y bajo”, señala Cristia. En Chile, el alumno promedio cuya madre no tiene educación secundaria está atrasado aproximadamente un año en el aprendizaje de matemáticas respecto a los estudiantes cuyas madres sí la tienen. Los resultados del estudio revelaron que ConectaIdeas logró reducir esta brecha a la mitad. “Buscábamos un programa que pudiera trabajar con las dos escalones al mismo tiempo”, añade el economista. Y lo encontraron.
La competencia como estrategia

“Vamos a dar un aplauso a Javier, que tiene 152 puntos, y a Matías, que sacó 142”, ordena la profesora Aravena al grupo antes de terminar la segunda (y última) clase semanal. Los alumnos celebran a los compañeros que lideran el ránking que calcula el propio sistema en función de la puntuación obtenida por cada estudiante con sus respuestas. La lista sirve al docente para identificar aquellos que necesitan más apoyo, es decir, los que han contestado pocas preguntas o tienen una baja tasa de respuestas correctas. “Nunca mostramos los estudiantes que quedan al final”, precisa Aravena.

“A través de un panel de control, se monitorea en línea los avances de los estudiantes en tiempo real. Además, el programa genera informes de retroalimentación para los supervisores del proyecto, los docentes y los directores de escuela”, explica Paulina Jaure, coordinadora del equipo de profesores del proyecto.

En la clase de 4ºA, Ornella y Erik han acabado los primeros y cuando la maestra pregunta por los “monitores” que ayudarán al resto de la clase, ambos se ofrecen voluntarios. Ellos recibirán en el sistema las peticiones de ayuda que sus pares solicitan a través de un botón. “Cuando uno más aprende es cuando enseña a otro. En lugar de que el mejor alumno del curso resuelva problemas más complejos, se ofrece la oportunidad de ejercer de profesor ayudante de otros. Es una fórmula que vi hace 12 años atrás en Cuba”, explica Roberto Araya, que ha visitado y conocido de primera mano experiencias educativas de todo el mundo.

Además de la competencia individual, el proyecto promueve un torneo entre todos los centros educativos que participan en el proyecto, actualmente seis. Un concurso interescolar que se celebra cada dos meses de forma virtual en el que las escuelas se disputan los puntos en juego. Durante los 40 minutos que dura la competición, el aula hierve de nerviosismo y emoción para ganar al colegio rival. Incluso los padres y madres de los alumnos participan del acontecimiento enviando vídeos de apoyo a sus hijos. “La competencia con otros cursos es sana, como en el fútbol o los partidos políticos. A futuro estos niños van a trabajar en organizaciones donde van tener que competir. Tendrán que aprender eso en la vida”, opina el creador de la iniciativa.

Entre los efectos negativos que detecta el estudio, se produce la disminución de las preferencias de los alumnos por trabajar en equipo. “Fue un resultado sorpresivo porque es algo que está muy presente en el programa”, afirma Julian Cristia. La investigación también subraya la preferencia de los estudiantes por aprender las matemáticas a través del ordenador. “La escuela tiene que cambiar para adaptarse a los nuevos estudiantes, que tienen acceso permanente a múltiples experiencias interactivas y unas expectativas altas de aprendizaje que en la escuela tradicional no están satisfechas”, indica el investigador. Un punto favorable del proyecto, para él, es que “tiene una intención clara de explotar la tecnología de forma guiada”, en contraste con otros que se limitan a entregarla sin facilitar pautas de ningún tipo. “Cuando no se da una guía la tecnología se usa poco o mal”, afirma.

Desde 2010, cerca de 70 cursos han participado en ConectaIdeas. Con un coste de implementación de 150 dólares por alumno en 2017 (un 5% más del gasto público por niño de primaria en Chile), se ha convertido en un método pionero de pedagogía digital exportable a otros países de América Latina y con potencial para reforzar otras competencias, además de las matemáticas, como la lectura. La plataforma, que es gratuita, ya ha llegado hasta las escuelas de Perú, donde hoy 80 cursos de Lima la están utilizando para reducir la brecha escolar entre niños ricos y pobres.

 

Fuentes El Pais - www.elpais.com

¿Pueden los juegos estimular el aprendizaje de matemática de niños desfavorecidos?


A Aaron Pinto, de 11 años, aunque no era su fuerte, siempre le encantó la matemática. Muchas veces se le hacía difícil resolver problemas con multiplicaciones, decimales o fracciones, se negaba a usar papel y lápiz, y cometía un error tras otro mientras trataba de calcular contando con los dedos o mentalmente. Muy frustrado y triste, parecía no poder encontrar la for


ma de avanzar.


Pero los problemas de Aaron, aunque abrumadores, no eran muy diferentes respecto a los de muchos de sus 28 compañeros de clase en la escuela Jaime Guzmán, ubicada en un barrio de Santiago de Chile aquejado por las pandillas y los vendedores de droga, y donde la mayoría de los padres, quienes sólo tienen educación primaria, trabajan en la construcción o en el mercado local. Ante este contexto, a pesar de que a los niños les guste la matemática, el aprendizaje se vuelve una tarea complicada.

Un experimento innovador con computadoras en Santiago


Todo esto hizo que la escuela Jaime Guzmán, así como otras 23 escuelas primarias de bajos ingresos en Santiago, fueran ideales para un experimento implementado en 2017 sobre el uso de tecnología en educación que finalmente ayudó a los estudiantes a mejorar en promedio un 50% sus puntajes en matemática en los exámenes nacionales estandarizados, en comparación con un grupo de estudiantes que no participaron en el programa.

Este experimento fue desarrollado gracias a una colaboración entre el BID, el International Development Research Center del gobierno de Canadá, la Universidad de Chile, y la Universidad de Cornell. Su objetivo era promover el aprendizaje de matemática de estudiantes en situación de pobreza, para quienes los métodos tradicionales de enseñanza no estaban funcionando.

Con este fin, el experimento trató de promover el estudio en grupo y el apoyo mutuo, y evitó clasificar a los niños en distintos grupos según su desempeño y arriesgarlos a ser estigmatizados en caso de bajo rendimiento.

Más diversión y mayor éxito en matemática


Para Aaron, para sus compañeros de clase y para los estudiantes en las otras escuelas participantes, estos innovadores aspectos del programa evaluado, conocido como ConectaIdeas, lo volvieron eficiente e hicieron que el aprendizaje fuera más divertido. “A los alumnos les encantó el programa, les ayudó a aumentar sus capacidades y su autoestima”, afirmó Erika Zúñiga, profesora de Aaron.

La idea básica de ConectaIdeas es que, aunque simplemente proveer computadoras a los alumnos contribuye poco a mejorar el aprendizaje, un aprendizaje digital con juegos y competencias y guiado por personal capacitado, puede llegar a entusiasmarlos como muy pocas otras cosas. La clave es la motivación de los alumnos, hay que lograr hacer atractivo aprender matemática. Esto puede animar a los alumnos a comprender más allá de las fórmulas y la memorización, a un nivel conceptual profundo donde ellos logren entender conceptos abstractos y puedan innovar para resolver problemas.

El núcleo de ConectaIdeas son dos sesiones semanales de matemática de 90 minutos en un laboratorio de computación. En estas sesiones, no se desplaza al maestro de aula como actor central en la educación del alumno, sino que se lo apoya con un coordinador del equipo de ConectaIdeas. También, se provee una plataforma de aprendizaje en internet, con miles de problemas, la cual se usa para reforzar los conceptos aprendidos en las clases regulares.

La retroalimentación inmediata del software juega un papel crucial. Al igual que la supervisión del aprendizaje en tiempo real, la cual le permite al maestro identificar a los alumnos que están rezagados para proporcionarles apoyo adicional.

El ingrediente clave: la gamificación


Pero quizás la introducción de juegos y competencias para motivar a los alumnos sea el ingrediente fundamental de ConectaIdeas. Este enfoque, denominado gamificación, ha sido aclamado como un posible punto de inflexión en la educación. Sin embargo, hasta hace poco había limitada evidencia rigurosa sobre si la gamificación funcionaba en la educación. Pero, gracias a nuestra evaluación de ConectaIdeas, ahora sabemos que la gamificación puede ser muy efectiva para el aprendizaje.

ConectaIdeas incluye varias estrategias de gamificación. Para empezar, los alumnos pueden ver en sus computadoras un gráfico que muestra su progreso en relación con los demás miembros de la clase, y lo que es más importante, con otras escuelas — un elemento esencial de la competencia entre grupos.

Luego, cada dos meses, el programa alcanza su punto más alto: el tan esperado torneo en el cual los alumnos compiten con los de otras escuelas resolviendo preguntas matemáticas. Como preparación para los torneos, los chicos se ayudan unos a otros y entrenan con entusiasmo como un equipo. Cuando llega el gran día, un locutor transmite cada avance y retroceso como si fuera un partido de fútbol, y los niños gritan y celebran, levantando los puños y aplaudiendo cada vez que superan a sus equipos rivales.

En la escuela Jaime Guzmán, donde el curso de Aaron ganó tres trofeos, incluyendo el primer puesto, la profesora Zúñiga agradece a los torneos el hecho de haber mejorado el rendimiento académico de los alumnos. Ella afirma que, en el caso de Aaron, el programa ConectaIdeas le proporcionó alegría ya que pasó a ser tutor de matemática de sus pares, y un alumno destacado en esta materia.

Lamentablemente, no todas las experiencias de ConectaIdeas coincidieron con las descritas por la profesora Zúñiga sobre su clase y, en particular, sobre Aaron. De hecho, el programa en general aumentó la ansiedad asociada con el estudio de matemática, quizás debido a que la competencia, que es la base de la gamificación, puede hacer que las personas se comparen demasiado unas con otras. Además, el programa redujo el deseo de los alumnos de trabajar en equipo, quizás porque, como en todas las competencias grupales, si algunos compañeros tienen un mal día pueden hacer perder el partido.

Aun así, la mejora en el aprendizaje en matemática de ConectaIdeas fue impresionante. El programa generó impactos mucho mayores a las reformas educativas típicamente implementadas en nuestra región. En particular, ConectaIdeas consiguió efectos siete veces mayores que extender la jornada escolar y cuatro veces mayores comparados con reducir el número de alumnos por clase.

En la escuela Teresiana de San José, una institución con su propia cuota de problemas sociales — incluyendo familias en situación de pobreza, alcoholismo y violencia doméstica — la profesora Gricelda Poblete tiene buenos recuerdos de ConectaIdeas, incluyendo cómo inspiró a un niño muy pobre a no volver a faltar a clases. “ConectaIdeas es una gran herramienta de aprendizaje”, dijo ella. “Los ejercicios son muy creativos y los niños nunca se aburren. Si dependiera de ellos, los niños estarían practicando todo el tiempo”.

Sin embargo, quizás el mayor impacto del programa sea cómo mejora vidas; cómo empodera a los niños en un mundo en el que las habilidades matemáticas son un pasaporte para salir de la pobreza y alcanzar profesiones altamente calificadas que proporcionan satisfacción de por vida y aumentan la productividad de toda la sociedad.

Por: Elena Arias Ortiz y Julian Critiá

Bases curriculares de 3⁰ y 4⁰ medio ¿Es posible profundizar sin tener que descartar?

La globalización y creciente automatización están cambiando dramáticamente la naturaleza del trabajo. Máquinas y vehículos autónomos deciden y actúan por nosotros. Esto genera un enorme desafío educacional. Es necesario entonces preparar nuevas generaciones con un entendimiento  más profundo de las grandes ideas y con capacidad no solo de usarlas, sino de transformarlas.

Pero para profundizar, ¿será necesario descartar áreas completas del currículum? Una alternativa es la transversalidad. Realizar proyectos multidisciplinarios. Por ejemplo, proyectos que integren historia con matemáticas. Proyectos que integren educación física con ciencias. Esto significa derribar muros entre departamentos y hacer fluir conocimientos de un lado para otro.  

¿Es esto posible? Corea del Sur es un interesante ejemplo. Ha proclamado que va camino a la economía creativa, que fusiona Ciencia, Tecnología y Cultura con la industria. Gracias a la educación, en cuarenta años pasaron de ser un país pobre  a uno líder mundial en ciencia y tecnología. Revisar el currículo periódicamente ha sido clave en ese proceso y el Museo de la Educación en Cheongju lo recuerda poniendo en el lugar central 7 infografías: cada una dedicada a uno de los 7 currículos coreanos de estos últimos 40 años. Ahora, en el nuevo currículo hay un semestre libre: sin historia, sin educación física, y sin  ninguna asignatura. Sólo proyectos interdisciplinarios que definen y eligen los estudiantes con apoyo de sus profesores. ¿Una aberración o una apuesta al futuro?

Otro ejemplo interesante es APEC. En un proyecto con 21 países liderado por Japón y Tailandia, y ahora también por Chile,  por más de una década hemos estado desarrollando currículo y ejemplos de lecciones que promuevan las grandes ideas de la ciencia y su integración para enfrentar en las aulas los problemas reales de la sociedad. Clases de incendios forestales y modelamiento computacional. Clases de energía, metabolismo y actividad física. Todo en uno. Un caso interesante es el de la segregación social. Un tema muy atractivo para la formación ciudadana. Los estudiantes con camisetas azules y rojas se mueven siguiendo  una regla muy simple que, en parte, le valió a Thomas Schelling el premio Nobel de Economía: saltan a otro lugar de la sala si sus vecinos directos tienen en su mayoría camiseta de diferente color. Es decir, a partir del  micromotivo  personal de evitar ser minoría, emerge la macroconducta de segregación. Así los estudiantes integran ciencias sociales con matemática, alcanzando una compresión profunda de las causas de la segregación.

En el proyecto APEC también hemos analizado formas de enseñar la asabiya, un tipo de cohesión social, introducido por el historiador tunecino Ibn Jaldún en el siglo XIV al estudiar la dinámica social al norte de África. Según Tonybee, Ibn Jaldún “concibió y formuló una filosofía de la historia que es, sin duda, el trabajo más grande que jamás haya sido creado por una persona en ningún tiempo y en ningún país”. Hoy en día el científico Peter  Turchin, uno de los fundadores de la cliodinámica, y decenas de historiadores, biólogos y matemáticos, ajustan modelos computacionales que capturan la dinámica histórica descrita por Ibn Jaldún. En el proyecto APEC, los estudiantes conectan estas ideas, trabajan en representarlas en juegos de tablero y en ecuaciones de crecimiento. Historia y matemáticas quedan integradas, permitiendo nuevamente un entendimiento más profundo de las dinámicas sociales.
Otra iniciativa muy potente es la pedagogía de parques. En la Universidad de Jyvaskyla, principal formadora de profesores en Finlandia, esta pedagogía es parte central en la formación docente. En las escuelas, los docentes llevan a sus cursos a recorrer parques por días enteros. Los estudiantes van recibiendo en sus Smartphones preguntas sobre lo que observan. La biología, el ambiente y la actividad física se integran en una inolvidable y enriquecedora experiencia.  Adicionalmente, los estudiantes construyen modelos, que luego se exponen en el museo de historia natural de la ciudad. 

Las nuevas bases curriculares de tercero y cuarto medio son el producto de años de deliberación y ensayos siguiendo la alternativa de transversalidad. Ha germinado hoy un currículo para que Chile también inicie este cambio de mayor profundización, con mayor integración entre las disciplinas, y sin descartar ni minimizar áreas del conocimiento. Tenemos hoy finalmente, una enorme oportunidad de comenzar un camino más alineado a las demandas que los estudiantes enfrentarán.  

Fuente: Diario La tercera Online

¿Motivación social en matemáticas?

¿Motivación social en matemáticas? La idea parece violar nuestras preconcepciones, pero ahora tenemos evidencia que las adaptaciones sociales del cerebro humano pueden ser fuente de estrategias educacionales muy efectivas. Sí, matemáticas y habilidades sociales se potencian.

Educar con calidad suena simple, pero hay varios desafíos. Primero, existe una abrumadora cantidad de estrategias pedagógicas. Están las pedagogías centradas en el estudiante, las personalizadas, las constructivistas, las de trabajo en equipo, las de indagación y las de resolver problemas donde los estudiantes no conocen procedimientos de resolución.

Hay diferentes tipos de textos, plataformas digitales, juegos y materiales. Por si esto no fuera poco, están los programas de desarrollo profesional docente que vienen en múltiples sabores. Los que promueven más autonomía docente, los más prescriptivos, las mentorías, y las capacitaciones e- y b-learning.

Segundo, medir impacto toma tiempo y recursos. Es esencial recoger muestras de varias decenas de cursos que permitan separar efectos como el del profesor, aleatorización para evitar el sesgo de selección, intervenciones de duración de un año que aseguren que resultados no sean efecto de la novedad, y tests independientes de los implementadores (Cheung & Slavin, 2015).

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Fuente: La Tercera