La Tercera | Roberto Araya

Imaginemos el futuro y luego el currículo

Imaginemos el futuro. ¿Qué trabajos tendrán nuestros hijos en 20 años? Primero, considere que los trabajos durarán muy poco tiempo. Según la Oficina de Estadísticas Laborales de EE.UU., la duración promedio hoy en día en un trabajo es de menos de 3 años. Y esto se acorta cada vez más. Esto significa que nuestros hijos deberán estar capacitados para ser flexibles y aprender rápidamente.

Segundo. Piense que la naturaleza de los trabajos está cambiando. Ya casi no quedan trabajos basados en la fuerza física. La energía que mueve el transporte y la industria ya no es animal ni humana. Los caballos son ahora un lujo.

Tercero. Agregue la creciente automatización. En Chile en los últimos 50 años se quintuplicó el número de tractores por superficie cultivable. Pero ahora viene un cambio mayor. Desaparecerán los conductores de vehículos. Se eliminarán muchos de los trabajos administrativos. Cada uno tiene su oficina y su secretario personal en el celular. Considere, además, que el comercio también se está transformando. Pasamos del almacén de la esquina al mall y ahora a las compras por internet, manejadas por algoritmos.

¿Qué deberían entonces aprender nuestros hijos? Responder esta pregunta no es exclusivamente un problema chileno. En EE.UU. hay un nuevo currículo propuesto en matemática y uno en ciencias. Un componente esencial de ambos es STEM (que viene del inglés por Ciencia Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). El objetivo es preparar a los estudiantes a desenvolverse en el mundo real, donde enfrentarán desafíos no aislados por asignatura, sino que requerirán integrar. Piense en la biología y genética computacional que serán la base de la medicina. Esto significa que, además de las prácticas científicas, ahora se integran las de la ingeniería: diseñar y construir soluciones.

Lamentablemente la nueva propuesta de Bases Curriculares del Ministerio de Educación sobre los ramos de biología, química y física para Tercer y Cuarto Medio y que propone “fusionar” las tres materias en una sola en un ramo “integrado”, no contiene nada de STEM. Nada de ingeniería.  En ciencias no se enfatiza el lugar central de los modelos para predecir, argumentar y entender, ni para construir soluciones. No se nombra el razonamiento computacional que es el instrumento esencial de la ciencia e ingeniería.

¿Otro cambio más al currículo? Miremos Corea del Sur. Hace 50 años, era un país mucho más pobre que Chile, pero hoy domina no sólo en pruebas internacionales como PISA, sino que también en tecnología de punta, y nos dobla en ingresos per cápita. En el Museo de la Educación en Cheong-Ju, el lugar central está dedicado a exponer sus diferentes currículos, uno nuevo cada 5 años. Sí, no es error de tipeo: cada 5 años. Allí se expone desde un currículo fuertemente militarista y de fusil para prepararse para la guerra de Corea, al actual para prepararse para la economía creativa y STEM.

“Imaginemos el futuro” es el lema de la Universidad de Tsukuba, la  principal formadora de docentes de Japón. El lema está desplegado por todas partes. En un proyecto APEC de las economías Asia Pacífico y liderado por esa universidad  y ejecutado en Chile por el CIAE, nos hemos propuesto primero imaginar el futuro, y luego diseñar y testear clases STEM en torno a problemas reales. Esto significa problemas como los tsunamis,  los incendios forestales y la energía. Que la energía capturada por cada uno ha crecido enormemente en los últimos años, y si todos queremos vivir como en EE.UU. entonces las emisiones de dióxido de carbono explotarán. Estos desafíos requieren construir modelos físicos y computacionales que integran diversas asignaturas. Requieren un razonamiento computacional. Por ejemplo, imaginar que un bosque incendiándose es como un tablero en el que se propaga el fuego con un cierto patrón. Imaginarse que un embrión es como un tablero donde las células se dividen y se mueven con un mecanismo que tenemos que descifrar. En esta forma de pensar, medio ambiente, vida, computación y matemática se confunden.  

Una enseñanza integrada de STEM es un cambio mayor. Requiere de cambios de contenidos y de prácticas pedagógicas. Según el premio Nobel de Física y profesor de educación de Stanford, Carl Weiman, este es un momento único en la historia: la educación STEM está recibiendo enorme atención, y hay una creciente conciencia que debemos cambiar nuestra manera como la enseñamos. Weiman ha liderado estos cambios en educación STEM en la enseñanza superior. Apuesta que el cambio debe partir por ahí. Ya no podemos seguir dictando clases. Se requiere una estrategia más efectiva. Tenemos que imaginar el futuro y el currículo, pero  además imaginar cómo enseñarlo.

Fuente: La tercera

Publicado en Prensa.